Kaelvar giró de forma lenta hacia los demás, ignorando el cuerpo decapitado como si no fuera más que un estorbo en el suelo. Su expresión había vuelto a ser calmada, pero sus ojos parecían helar todo a su alrededor.
El olor del humano, oculto en capas de temor y otras emociones, seguía presente; podía rastrearlo, aunque tardaría probablemente un día. Y no pensaba permanecer en ese mundo ni un instante más de lo necesario.
Aun así, se permitió perder unos segundos en degustar el miedo que estab