Lo siento mucho, Agnés.
Esa disculpa no borró nada de lo que sucedió aquella noche… no como el fuego que después eliminó todo rastro de la masacre que los monstruos dejaron en aquel viejo edificio.
Esa disculpa nunca la consoló en décadas… tampoco le devolvió nada de lo que aquella noche le arrebató.
Un grito, no supo si era de esa noche o del infierno que ahora vivían; todo se mezclaba con una intensidad demasiado vívida, que le hizo abrir los ojos por el terror, jadeando. El pecho le ardía, b