Tras la pregunta, el silencio cayó sobre ellos, envolviéndolos, y el miedo empezó a espesarse en la habitación; denso y casi tangible, como garras que les oprimían el pecho.
Nancy mantenía las piernas rígidas, fingiendo firmeza mientras cubría a los gemelos con su cuerpo. Lia escondía el rostro contra el hombro de su hermano, temblando, y Leo mordía su labio con tanta fuerza que parecía a punto de desgarrarlo, en un vano intento por contener el llanto.
El crujido de la madera bajo las pisadas d