El dolor seguía desgarrándole el pecho, cada vez más agudo e intenso, como si cada vez le arrancaran más y más pedazos desde adentro. Alec apenas escuchaba las voces a su alrededor; eran murmullos distantes a los que no encontraba ningún significado. Lo único que seguía teniendo sentido era un pensamiento primordial que lo dominaba, una urgencia que latía con violencia en su cabeza: necesitaba verla, tenía que llegar a Serethia.
Así que no recordaba el trayecto después de la discusión, solo alg