Estaba convencida de que estaba haciendo lo correcto, pero cuando volvió a mirarlos, no pudo evitar dar un paso atrás, palideciendo, como si la hubieran sorprendido en una mentira como cuando era niña.
Aunque para Leo su gemela fuera casi como una extensión de sí mismo, Alec reconocía bien esa reacción; la había visto muchas veces en su niñez, cuando su abuela les recordaba que entre ellos no había secretos. Y, entonces, dándose cuenta del engaño, el dolor se vio levemente enmascarado por la fu