Después de permanecer por casi un minuto inmerso en recuerdos del pasado, Alec decidió compartí con ella algo que jamás le había comentado a alguien externo a su familia.
—Ser “el preferido” de la abuela no era agradable… no como ellos lo imaginaban —desvió la mirada hacia el suelo, como si la chica pudiera ver lo que estaba pensando—. Pero desde que ella enfermó, empezaron a tratarme diferente.
Sonrió sin verdadera gracia, como si intentara convencerse de que aquello debería ser algo de divertido.
—¿Y tu padre nunca hizo nada? —La voz de Serethia tembló, mientras sentía un nudo aferrarse a su garganta, recordando las humillaciones que su propio padre había permitido que sufriera a manos de Kaelvar.
Alec bajó la mirada, inseguro sobre por qué respondía a la pregunta. No solía hablar sobre sus padres, ni siquiera con su abuela desde que había entrado a la adolescencia; mencionarlo siempre le aseguraba un castigo.
—No lo conocí… a ninguno de los dos; mi padre murió en un accidente poco