El sonido del agua corriendo ambientaba la escena con suavidad. Alec lavaba los platos con expresión concentrada, tarareando de vez en cuando, como si olvidara que no estaba solo.
El silencio era cómodo, pero Serethia quería formar parte de ese momento. Deseaba que él la mirara y no volviera apartar sus ojos de ella.
Dudó por un instante, pero tomó suficiente valor para no arrepentirse de lo que haría; apretó los dedos contra el borde de su camisa, y dio un paso hacia él.
—¿Puedo ayudarte? —pre