La Luna que no estaba destinada al Alfa
La Luna que no estaba destinada al Alfa
Por: Alessia Cuervo
Capítulo 1

La sangre cayó desde su barbilla y manchó la túnica blanca, como si fueran lágrimas sagradas derramadas por un oscuro presagio, deslizándose hasta caer en el suelo sagrado.

Su cuerpo tembló, apenas manteniéndose en pie, mientras el dolor se hundía profundamente en su pecho, como si fueran millones de agujas venenosas que la desgarraban por dentro.

—«No, no puede estar sucediendo; no debería» —pensó Serethia, al ver el líquido rojo brotando de ella hasta perderse en el piso.

Sin embargo, dolía de una forma que jamás había sentido y la sangre seguía brotando, incluso lo había hecho antes de que el rey Alfa la rechazara en voz alta.

Entonces, sobre el ruido de fondo, pudo escucharlo de nuevo; el rey Alfa, Kaelvar, su alma destinada, alzó aún más la voz frente a las familias más importantes de los clanes que formaban el reino.

—¡No acepto la unión! ¡Rechazo a Serethia Velaryss como mi Luna! —su voz era fría y sin ningún atisbo de culpa por el dolor que le causaba—. ¡Mi vida no está ligada a una maldita profecía!

Las flores de luna se marchitaron al instante, como si la misma diosa Sel-Naïma llorara, y el fuego azul que rodeaba el círculo ceremonial tembló, amenazando con apagarse, mientras la marca en la piel de Serethia ardía como castigo divino.

—Pero… Sel-Naïma la eligió —comentó la sacerdotisa mayor, horrorizada—. La marca no miente, mi señor —insistió la anciana.

—No me importa la marca, no la quiero —replicó Kaelvar sin titubear—.  Mi alma ya eligió.

Su mirada llena de ternura estaba posada en otra mujer: una guerrera Sel’Kaïra de cabello trenzado, erguida a su lado, quien bajó la mirada con un dejo de culpa. Pero la sutil curva en sus labios —una que al parecer solo Serethia notó—, mostraba el placer que le generaba la elección.

—Mi Luna será Kaira.

El eco de sus palabras retumbó en el pecho de Serethia, y sintió que el mundo se deshacía bajo sus pies. Sin poder seguir manteniéndose, cayó de rodillas, y algo dentro de ella se rompió; por dentro y por fuera, como si la tierra misma renegara de su existencia.

Y, en medio de su dolor, lo comprendió.

Kaelvar nunca la había amado, nunca podría como lo hacía con Kaira; como rey, solo había seguido la tradición… y ahora ni siquiera eso era suficiente para retenerlo a su lado.

Sus manos temblaron sobre el piso manchado, y el ardor en su pecho se volvió insoportable, mientras más sangre brotó por su boca.

Se agarró el pecho, sintiendo como dolía cada vez más; ese era el precio a pagar por la profecía rota, y sentía que moriría entregando su vida como pago.

Levantó la mirada hacia ellos y quiso suplicarle que se callara, que dejara de desgarrarle el alma, pero la oscuridad llegó antes, silenciosa y piadosa.

Despertó horas después, sacudida bruscamente. Abrió los ojos y miró a su alrededor, percatándose de que se encontraba en la habitación que se le había designado desde los catorce años, cuando había llegado al palacio para cumplir el final de su preparación para ser la reina Luna.

Se encontró de frente con Kaelvar, y sus dedos se contrajeron sobre la sabana al notar el desprecio que sus ojos le mostraban.

—Sígueme.

—¿A dónde? —preguntó Serethia, en un hilo de voz.

Pero no hubo respuesta; Kaelvar la tomó por el brazo y la arrastró sin delicadeza por varios pasillos hasta la habitación principal: la del rey Alfa.

Al ingresar, el aire denso y espeso, cargado de incienso, golpeó su nariz. Había varios curanderos y, en la cama que se encontraba en el fondo, yacía Kaira; sus labios estaban morados y su piel tan pálida como el mármol. Parecía la visión de una flor hermosa que se marchitaba lentamente.

Todos en la habitación parecían conmovidos ante esa deprimente visión. Sin embargo, Serethia solo sintió tristeza al ver las manos entrelazadas de Kaira sobre su vientre, que era notable por la fina tela; estaba embaraza… y en la habitación del rey Alfa.

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C. CanteroMe esta gustando mucho el libro, voy a seguir leyendo y apoyando :D
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