El extraño intentó sujetarla por el cuello, pero ella giró con una agilidad sobrehumana, rodeándolo con las piernas. Ambos rodaron por el suelo hasta que, con un impulso, ella lo lanzó contra el pavimento con un golpe seco.
—¡Corre! —le gritó a Alec, siendo consciente de que no podía luchar contra un licántropo, aunque fuera uno de baja categoría—. ¡Tenemos que huir!
Alec dudó un instante, luego echó a correr, pero se detuvo en seco cuando escuchó un chasquido de huesos cediendo y el grito sofo