Los rayos del sol comenzaban a calentar todo a su alrededor cuando Serethia llegó al patio de entrenamiento; aún hacía frío y el lugar estaba en silencio. Cerró los ojos y respiró profundo, permitiéndose sonreír. Estaba nerviosa, pero también emocionada por aprender a defenderse, porque tal vez, con el tiempo, dejaría de necesitar que otros lucharan por ella.
Se dirigió a una de las bancas del fondo del patio y se sentó allí; al instante, el frío de la madera le recorrió el cuerpo, y rio suavem