—Lamento haberte...
Alguien hablaba, pero su voz le llegaba como un murmullo ahogado, mientras su atención estaba en otra parte, buscando desesperadamente cualquier cosa con la que defenderse.
Solo entonces notó el lugar: una habitación extraña, decorada con muebles de otro tiempo, donde incluso las lámparas parecían fuera de lugar. Sus ojos se detuvieron en una bandeja con una taza humeante sobre la mesita junto a la cama y, sin pensarlo, la tomó. La plata le quemó las palmas, pero no soltó