—Ya lo has concluido —dijo con tono de fastidio por las complicaciones que eso le traería. Ni siquiera negarlo en ese momento podría cambiarlo—. Tú siempre fuiste la clave… tu amor por Kaelvar era la prueba viviente de que la diosa Luna le daba derecho a gobernar.
La puerta se abrió de forma lenta, pero la princesa se quedó de pie en el umbral, dándole la espalda.
—El celo de Kaelvar ha comenzado antes —mencionó, mirándola por encima del hombro—. Retrasaré la ejecución hasta que termine… pero c