El recuerdo se deshizo lentamente, como si las sombras del pasado se disolvieran ante sus ojos, y volvió al presente.
Su vista quedó fija en su mano alzada y, por un instante, creyó ver con vívida nitidez la sangre que hace dos décadas la había cubierto... incluso sentir, con placentera claridad, la textura del corazón que había dejado de latir.
La observó con serenidad, con la misma calma con que solía contemplar como la vida escapaba de los cuerpos que había destrozado a lo largo del tiempo.