Capítulo 109

Serethia esperó inmóvil hasta convencerse de que no volverían, antes de decidir retomar su descenso hasta que la sabana llegó a su fin.

Giró la cabeza a la derecha, midiendo la distancia al edificio vecino, donde estaba la pared de enredaderas. Después, tensó los brazos y se balanceó, estirando una mano, pero no alcanzaron más allá que el aire. Respiró profundo y, tras impulsarse con más fuerza, se lanzó a las hiedras.

Sus dedos, esta vez, se apretaron a los tallos húmedos, pero la rama cedió
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