Una lagrima bajó por la mejilla pálida de Kaira, sabiendo que no lo haría; desde el regreso de Serethia la frecuencia de sus visitas habían disminuido hasta volverse casi inexistentes. Y cuando iba, todo era diferente; la forma en que la miraba, su tono de voz… ya no eran suaves y cálidas, si no vacías y carentes de emociones, como si ir a verla no fuera más que uno de sus deberes como rey.
—Sí, su alteza —dijo con dificultad, obligándose a hacer una reverencia.
Nunca antes se había visto forza