Los cortesanos y sirvientes se apartaban a su paso, pegándose a las paredes, sin atreverse siquiera a llamar su atención con una reverencia. Todos sabían que, cuando el rey Alfa estaba de mal humor, cualquiera que osara llamar su atención se convertiría en blanco de su furia.
En momentos como ese, su aura era tan aplastante que el cuerpo les temblaba de manera instintiva, respondiendo al enojo de su rey Alfa. Incluso, algunas sirvientas de cámara debieron apoyarse contra los muros para no desfa