A veces, el amor duele más que el odio. Quema lento, como una brasa enterrada bajo cenizas. Y lo peor es que no lo ves venir… hasta que ya estás en llamas.
Eso éramos Aiden y yo ahora: dos fuegos enfrentados, destruyéndonos con cada roce, cada silencio. Caminábamos por la misma senda, liderábamos a la misma manada, pero cada paso juntos parecía una batalla no declarada. Y lo más jodido de todo… es que seguía deseándolo con la misma fuerza con la que quería escapar de él.
Desde que descubrí la t