Los días que siguieron a la pelea con Aiden fueron como una niebla pesada que se cernía sobre mí, oscureciendo cada rincón de mi mente y hundiéndome en un mar de dudas. Sentía que me deshacía en pedazos, que cada palabra no dicha y cada silencio entre nosotros era un ladrillo más en la prisión que me construía.
Pero la ceniza siempre guarda el calor para un nuevo fuego, y ese día decidí que no me dejaría consumir. No podía seguir siendo la sombra de la mujer que una vez fui, la que temía abrir