La manada nunca había estado tan tensa. Un aire pesado se colaba entre los árboles, como si el bosque mismo contuviera el aliento, expectante, esperando que estallara la tormenta. Y yo, atrapada en medio de ese huracán, sentía que cada paso que daba me empujaba más y más hacia la espada y la pared.
No era solo una amenaza cualquiera la que nos acechaba; era un desafío que ponía en juego todo lo que habíamos construido con sangre, sudor y silencios incómodos.
Las facciones dentro de la manada co