La noche había caído pesada sobre la manada, pero el aire entre Aiden y yo estaba aún más cargado, como una tormenta a punto de estallar. No podía seguir cargando con las dudas, con ese peso invisible que nos arrastraba a ambos hacia un abismo que prometía devorarnos.
Él evitaba mis preguntas. Lo notaba en cada silencio, en cada mirada que se desviaba. Y yo, con mi corazón apretado y mi mente al borde del colapso, sabía que el problema no era solo lo que yo sospechaba, sino todo lo que él aún n