La mañana amaneció más gris de lo usual, como si el cielo supiera exactamente lo que se me había clavado en el pecho y decidiera solidarizarse, cubriéndose con nubes que no llovían pero pesaban. Igual que mis pensamientos.
Desde la conversación con Eldric la noche anterior, no había dormido más de una hora. Cada vez que cerraba los ojos, las palabras “equilibrio o destrucción” parpadeaban detrás de mis párpados como un presagio tatuado en fuego. Y lo peor era que no sabía a cuál de las dos cosa