La niebla del valle se cerró sobre ellos como un manto vivo.
No era solo niebla.
Era memoria.
Era duelo.
Era un mundo que alguna vez respiró… y que ahora solo observaba.
Los Colmillos Grises se quedaron inmóviles, incapaces de comprender la magnitud de lo que los rodeaba.
Kaelthar temblaba, sosteniendo el báculo como si fuera lo único que lo mantenía en pie.
Lyra seguía arrodillada junto a Lucian, que respiraba con dificultad, la herida aún abierta, la semilla latiendo como un corazón ajeno.
La