El humo avanzaba como un mar vivo, devorando la montaña.
Los Colmillos Grises retrocedían, jadeando, heridos, agotados.
Kaelthar apenas podía mantener la barrera de luz.
Lyra sostenía a Lucian, que sangraba por el costado, temblando.
Todo estaba perdido.
Y Lucian lo sabía.
Pero algo dentro de él —algo que no era solo la semilla, sino su espíritu, su instinto, su esencia— se negó a aceptar la derrota.
Lucian apretó los dientes, respirando con dificultad.
—No… aún no… —murmuró, con la voz rota.
L