El humo rugió.
Lucian sintió cómo la montaña vibraba bajo sus pies, como si la tierra misma temiera lo que se acercaba.
Los Colmillos Grises retrocedieron, sus rostros endurecidos por el miedo que intentaban ocultar.
Kaelthar levantó el báculo.
—Lucian… viene demasiado rápido.
Lucian apretó los dientes.
—Lo sé.
Pero no era solo el humo.
Era él.
El Quebrantador.
La semilla del espíritu ardió en su pecho, como si respondiera a un llamado antiguo, uno que no quería escuchar.
Los primeros infectado