La mañana llegó sin luz.
El valle no tenía amaneceres.
Solo un cambio sutil en la densidad de la niebla, como si el mundo respirara más lento.
Lyra despertó con un sobresalto.
La joya en su pecho vibraba.
No con peligro.
Con inquietud.
Lucian dormía a su lado, apoyado contra la pared de la cueva, el rostro relajado por primera vez en días.
Su mano seguía entrelazada con la de ella, como si incluso dormido necesitara asegurarse de que no se alejara.
Lyra lo observó un instante.
Había algo distin