Selira salió del campamento con una sonrisa satisfecha.
El aire frío de la madrugada le rozaba el rostro, pero ella apenas lo sentía.
Todo estaba saliendo como lo había planeado.
Había sembrado la duda entre los refugiados.
Gente desesperada, sin casa, sin comida, sin un refugio seguro.
Gente con demasiado tiempo para elucubrar teorías conspirativas.
Gente que necesitaba un culpable a sus desgracias.
Y ella se los había dado.
Lucian.
Y, por extensión, Lyra.
Mientras caminaba hacia el palacio, l