Selira avanzaba entre las sombras del amanecer, seguida por un pequeño escuadrón de guerreros lobo, sorprendiendo a muchos a su paso.
—¿Cómo es que la princesa está aquí tan temprano? —susurró uno— ¿Cómo es que se ha enterado tan rápido?
El campamento de Fuego de Bruma hervía de gritos, llanto y rabia.
El olor a sangre fresca impregnaba el aire.
En el centro del tumulto, Cassandra —la comadrona más anciana— sostenía el cuerpo sin vida de su nieto, Conrad, un aprendiz de herrero que se había ga