El alfa Selan observaba el campamento improvisado desde la terraza más alta del palacio.
Las antorchas iluminaban la noche, proyectando sombras largas sobre los refugiados de Fuego de Bruma.
El aire olía a humo, miedo y cansancio.
Pero Selan no veía caos.
Veía oportunidad.
Lucian había demostrado un poder que ningún alfa vivo podía igualar.
Un aullido capaz de detener una magia tan antigua que ni siquiera había registro de ella en los templos.
Solo historias: relatos de gente sin voluntad, que