El crepitar azul atravesó el aire como un latigazo vivo.
La electricidad danzó entre los infectados, ignorando el humo rojo que saturaba el campo de batalla.
La primera descarga paralizó a varios.
La segunda los lanzó al suelo, convulsionando.
Lyra sintió el corazón detenerse un instante.
—Magia… —susurró.
Lucian negó con la cabeza, los ojos fijos en el resplandor.
—No es de nadie que esté aquí.
A la distancia, un remolino oscuro se abrió como una herida en el aire.
Sus bordes estaban