La cueva aún temblaba.
El eco del grito de Lucian seguía suspendido en el aire, vibrando entre las paredes como un lamento atrapado. El humo rojo se arremolinaba alrededor de su cuerpo… y dentro de él, como si buscara un camino para volver a poseerlo. Cada movimiento vaporoso parecía un latido oscuro, un intento de reclamarlo.
Desde el interior del espíritu, Ronan reaccionó.
No era su voz física, sino un murmullo que atravesaba la esencia de El Quebrantador.
¿Qué estás haciendo?
No era una pregunta dirigida a Lucian.
Era un diálogo interno, una disputa entre dos entidades que compartían un mismo recipiente.
Lucian escuchó otra voz, más profunda, más antigua, más cruel.
Eres mío.
Su cuerpo se arqueó, luchando por respirar, como si aquel humo tratara de someterlo, mientras lo asfixiaba.
La luz lunar de Lyra parpadeó, inestable, como si respondiera al caos que se desataba en el interior de Lucian.
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Kaelthar yacía en el suelo, sangrando, con la respiración pesada y entrecortada.
Evadn