El humo rojo se arremolinó en la entrada de la cueva como si tuviera vida propia.
Lyra sintió cómo el aire se volvía espeso, casi sólido, y un escalofrío le recorrió la columna.
Kaelthar dio un paso adelante, pero incluso él pareció dudar cuando la figura emergió del humo.
Ronan.
Mucho más fuerte, imponente.
Dentro de su piel, la cadena roja serpenteaba con lentitud, como si aguardara algo. Sus eslabones brillaban en la oscuridad de la cueva.
Su cuerpo avanzó con una lentitud calculada, como si