Lyra sintió un escalofrío.
Uno que también recorrió a Lucian, quien se dio cuenta de lo que había hecho y, por un segundo, se llenó de horror. En su desesperación, logró recuperar el control de su mente… apenas.
Ronan dio un paso adelante, con una sonrisa que apenas podía contener.
—¿Sabes qué es lo más hermoso de esto? —dijo, mirando a Lucian de reojo—. Que no importa cuánto corras, cuánto llores, cuánto te golpees… El Quebrantador siempre gana. Nació para eso. Para tomar hombres como tú. Hombres que creen que son mejores. Hombres que creen que nunca caerán.
Lucian apretó los puños.
Ronan lo interpretó como un triunfo.
—Se creen buenos, decentes, incapaces de someterse a sus impulsos más bajos. ¿Por qué? ¿Porque les han enseñado que eso está mal? En cambio, yo no me reprimo. Si deseo desquitar mi frustración, lo hago como mi voluntad y mis instintos lo exigen.
La indignación se apoderó de Lucian, tan intensa que ni el propio Quebrantador pudo sofocarla.
—No soy como tú.
—Aún no —corr