La arrogancia de Ronan estaba herida, cargada de la impotencia de ver a aquella mujer sonriente y triunfante.
Como si ella tuviera el poder.
Como si él no fuera el Alfa de Fuego de Bruma.
Recordó cómo, hacía apenas unas semanas, Lucian se la había entregado como una ofrenda de paz, como si fuera un objeto prescindible, un pago por haberlo abandonado en medio de la batalla.
Althea, ese era el nombre que le había dado.
La esclava que obtuvo tras dejar en cenizas Luna Silente.
¡Y ahora la llamaban