La carpa de guerra del campamento de Fuego de Bruma estaba saturada de humo, sudor y hierro viejo. El murmullo constante de los generales —bajo, tenso, cargado de estrategia y ambición— se mezclaba con el crepitar de las antorchas, que proyectaban sombras irregulares sobre los mapas extendidos en la mesa central.
Ronan no escuchaba.
Su mirada estaba fija en un punto inexistente, más allá de las telas tensas de la carpa, más allá incluso del campo de batalla que se avecinaba. Algo se había remov