La frase que Lyra acababa de pronunciar —“la hoguera no fue el final. Fue el principio. Y lo que Ronan sigue… ha sido la sentencia que mantiene esta manada”— quedó flotando en el aire como un presagio suspendido sobre ambos.
Lucian no respondió de inmediato.
Se quedó de pie frente a ella, respirando con dificultad, como si esas palabras hubieran removido algo enterrado en lo más profundo de su memoria.
Sus ojos, siempre tan controlados, tenían ahora una intensidad peligrosa.
—Lyra… —musitó, tomando su rostro entre sus manos—. ¿Qué significa eso?
Ella tragó saliva. No podía decirle la verdad. No aún. No, cuando la marca ardía, como un recordatorio de su silencio.
Además, ¿podría ella confiar en él?
“No”, se dijo.
Él seguía siendo Lucian, el hermano de Ronan.
Un hombre que lo odiaba, sí.
Pero ¿se convertiría él en un tirano, también?
¿No estaba la sangre de estos alfas maldita?
¿No se cambiaría un tirano por otro?
—No lo sé… no por completo —susurró, su respiración temblando—. Solo sé q