El choque resonó como un trueno contenido. Las lanzas alzadas cedieron a la embestida de Valek, el guardián corrompido, y su cohorte de sombras envueltas en mantos grises. El claro del abedul, testigo de juramentos y redenciones, volvió a ser escenario de acero contra acero, de voces unidas sosteniendo la línea entre la luz y la oscuridad.
Kaeli alzó el puñal forjado con plata lunar y se lanzó contra Valek, su forma humana desdibujándose por un instante en la velocidad del instinto.
—¡Tu voz