Capítulo 48

La luna, por fin liberada de nubes, mostraba su rostro completo sobre el claro del Nabel. El aire se volvió frío y transparente, como si cada aliento hiciera crujir los cristales del bosque. Kaeli aún sostenía el fragmento plateado roto de la flecha en su diestra, mientras Daryan acomodaba un paño sobre su costado sangrado. A su alrededor, la manada formaba un semicírculo respetuoso: nadie se atrevía a hablar sin permiso de los líderes.

En el centro del círculo, el niño arquero de Aelthorn, con
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