El sol avanzaba lento sobre el dosel del bosque cuando la caravana retomó su marcha. El aire olía a resina y a tierra fresca, como un suspiro que el bosque exhala antes de revelar sus secretos más oscuros. Kaeli montaba junto a Daryan en un brioso caballo gris ceniza, y la brida tensa marcaba el pulso acelerado de ambos. Aun con la victoria en el Vado del Olvido y el juramento sellado bajo el canto de la loba blanca, algo en su interior le susurraba que la verdadera prueba aún estaba por llegar