Despertar de madrugada, la tenue luz de la luna colándose entre las cortinas, los cuerpos entrelazados sobre las sábanas. Kaeli aún recostada contra el pecho firme de Daryan, su respiración acompasada al ritmo tranquilo de él. El aire era cálido, perfumado por la madera del caballete cercano y el tenue rastro de fuego en la chimenea. No era un momento de urgencia ni de pasión desbordada, sino de un íntimo recogimiento: las manos de Daryan explorando la curva suave de la nuca de Kaeli, los labio