La bruma del amanecer cedía lentamente al calor debilitado del sol. En el jardín de lunas, las raíces se habían retraído, las piedras se habían asentado, y el símbolo de tres marcas brillaba con la misma intensidad que al final del Ritual de Verdad. Pero algo permanecía en el aire: un murmullo casi imperceptible, como si la sombra se transformara en palabra solo para aquellos que quisieran escuchar.
Kaeli salió del Salón de Piedra con el corazón encogido. A su paso, los lobos la saludaban con r