Capítulo 37

El fuego plateado seguía ardiendo en el centro del jardín.

Las raíces se habían detenido, como si esperaran.

Las piedras lunares vibraban con una frecuencia que no era mágica… era ancestral.

Kaeli permanecía en el círculo, con la marca recién trazada brillando sobre el cuello de Daryan. La manada no hablaba. No por miedo. Por reverencia.

Yelra, la anciana loba, se colocó junto al fuego.

—La última vez que vi este color… fue cuando mi madre murió. Y dijo que la luna no se apaga. Solo se esconde.
Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP