Capítulo 20

La noche se había vuelto más espesa que nunca. Las nubes cubrían el cielo como un sudario, y la luna, aunque presente, parecía temer mirar directamente a la tierra. En los pasillos de la mansión Volkov, los espejos encantados vibraban sin razón, y los lobos guardianes se negaban a cruzar ciertos umbrales.

Kaeli lo sentía.

No en la piel.

En el pecho.

Como si algo estuviera a punto de romperse.

*

En las cámaras subterráneas, Elara y Selene se encontraban frente al altar de obsidiana. El círculo e
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