La mañana siguiente amaneció con la ciudad todavía olfateando la espiral pintada en la noche. No importaba cuántas veces se borrara, la marca volvía en susurros y grafitis menores; era un recordatorio de que la derrota no era total. Kaeli reunió al consejo en la sala del Santuario, el aire pesado por café y hojas recién escritas.
—Hoy cerramos agujeros —dijo—. No podemos permitir que la espiral vuelva a respirar.
Marek abrió un rollo con nombres y lo dejó sobre la mesa.
—He seguido transferenci