75• Saben dónde estamos.
El silencio que siguió fue peor que cualquier sonido. Luego, la respiración agitada de Seth llenó la línea, húmeda, oscura, como algo que se arrastra por el suelo.
—A que ha sido… gratificante escucharla —murmuró, saboreando cada palabra.
Una furia cruda, volcánica, me encendió por dentro. Todo el alivio que había sentido hacía minutos se pulverizó al instante.
—¡Eres un maldito monstruo! —chillé, sintiendo cómo la garganta se me cerraba—. ¡Déjala ir, Seth! ¡Hazlo ahora mismo!
Él soltó una risa