63• Hielo y fuego.
Dean se fue apartando poco a poco… o al menos eso quise creer. Porque cuando realmente presté atención, entendí que no era él quien seguía aferrado a mí. Era yo. Mis manos estaban todavía en su espalda, sosteniéndolo como si ese abrazo fuera el único lugar donde todo tenía sentido. Sus brazos ya habían empezado a soltarme, pero los míos se resistían, aferrados a un calor que no quería perder.
En cuanto reuní el valor para apartarme, él me dedicó una sonrisa tranquila, casi suave, mientras yo in