Dean me sostenía con firmeza mientras yo respiraba con dificultad, tratando de calmarme. Mia, en cambio, forcejeaba para zafarse de Daryl, pero él la mantenía firme. La sala se sentía pesada, llena de tensión y rabia contenida.
—¿Me pueden explicar qué está pasando? —preguntó Dean, mirándonos a ambas, su rostro una mezcla de furia y desconcierto.
—Ella comenzó —dije, esforzándome porque mi voz no temblara.
Mia no tardó en interrumpirme, con esa sonrisa burlona que siempre parecía desafiarme:
—Y