43• Te lo advertí una vez.
Dean descendía las escaleras con pasos rápidos, llevándome casi a rastras, mientras sus hombres nos seguían en silencio, como sombras que jamás se apartaban. Él avanzaba visiblemente molesto, con el ceño fruncido y la mandíbula rígida, y yo intentaba controlar mi respiración, aunque la rabia que Mia había despertado seguía ardiéndome por dentro.
Mi mente regresaba, una y otra vez, a Celine. A su expresión cuando vio el brazalete. Era evidente que lo había reconocido… ¿o pensaría que solo era un