38• Eres fuego, Thalía. Y ahora eres mía.
Nos levantamos sin interrumpir el beso, como si el mundo entero se hubiera reducido a ese contacto, a esa necesidad que no podía explicar. Dean caminó conmigo, guiándome hasta que sentí la pared fría detrás de mí. Me besó de una manera salvaje, encendiendo mi cuerpo de una forma que no creía posible. Sus labios descendieron por mi cuello, mordiendo suavemente, y comenzó a quitarme la lencería con una lentitud que me volvía loca.
Cerré los ojos, pensando en cómo él me tocaba, en cómo, por más qu