Emily
—Mi loba.
Las palabras quedaron suspendidas en la habitación.
Adam estaba incorporado junto a mí, completamente despierto.
—Emily, ¿qué has sentido?
Me llevé una mano al centro del pecho.
Ya no estaba allí.
Aquel segundo latido había desaparecido.
Pero la sensación permanecía.
Como calor debajo de la piel.
Como si hubiera una puerta dentro de mí y alguien acabara de golpear desde el otro lado.
—Me ha hablado.
Adam se quedó inmóvil.
—¿Qué ha dicho?
Dudé.
Resultaba extrañamente íntimo repet