Emily
Adam me llevó a una pequeña cabaña al otro extremo del lago.
No era una de las turísticas.
Era suya.
Lo supe antes de que me lo dijera.
Era demasiado él.
Madera oscura.
Una chimenea.
Libros.
Una cocina sencilla.
Una chaqueta tirada sobre una silla.
Nada perfectamente colocado como en las cabañas para huéspedes.
Real.
—¿Vives aquí?
Adam dejó las llaves.
—Cuando consigo escapar de recepción.
Miré alrededor.
—Me gusta.
—Todavía no has visto el desastre del dormitorio.
Lo miré.
Adam comprendi